Juchitan es derroche de música y color

Bravas y radiantes son las juchitecas. Si no fuera por ellas las fiestas de las velas de mayo en Juchitan no tendrían sentido. Todas lucen sus vestidos de tehuanas, con enahua de olán y huipil y tocado en la cabeza.

Los festejos en el Itsmo de Tehuantepec duran dos días. Primero, se hace el combite de flores, después la vela y al día siguiente la regada de frutas. Estos días son puro derroche de música, color y cerveza.

 Combite de flores

Fiestas de Juchitan, Oaxaca

Fiestas de Juchitan, Oaxaca

A eso de las diez de la mañana, el calor comienza a hacer efecto en el pueblo de Juchitán. Las mujeres van a misa a festejar al santo. De la iglesia salen estandartes con su imagen y detrás de él, el séquito de hombres y mujeres devotos y orgullosos de su fiesta. Del estandarte cuelgan largos listones multicolores y las mamás ponen a sus niñas vestidas de tehuanitas a sostenerlos. Así desfilan ellas junto con otras más en fila, cada una con su cirio, rumbo a la casa del mayordomo. Por supuesto, el santo sale por delante y encabeza el desfile que es un jardín ambulante de flores naturales y bordadas que sobresalen de los vestidos de las juchitecas.

Toca la banda de música y a nadie le importan las gotas de sudor que escurren en el rostro. La temperatura llega a los 39° C. Pero es más la devoción que empuja a la gente a caminar alrededor de 20 cuadras hasta la casa del mayordomo, en la que esperan las mujeres de la familia para comenzar a repartir en bolsas de plástico con popote, agua de horchata y jamaica.

Primero se sirve a las mujeres y después a los varones. De la cocina salen cazuelas de pollo bañado en mole y el respectivo pan llamado bollo. Hay para todos, amigos y extraños. Y la imagen del santo descansa en la sala, luciendo un collar de flores naturales llamadas juiechachi , de nombre zapoteca.

Vela istmeña

La vela Istmeña de Juchitan, Oaxaca

La vela Istmeña de Juchitan, Oaxaca

Es la vela de San Vicente Ferrer y se ha ordenado que todas deban vestir a la usanza istmeña, y los hombres de guayabera blanca y pantalón negro.

En la entrada hay seguridad y se ponen estrictos con la regla. Algunas mujeres se quejan de que a sus hombres no los han dejado entrar por no vestir como se debe. El mayordomo debe ahorrar durante todo el año para poder tirar la casa por la ventana en estas fechas.

En Juchitán se ha perdido la costumbre, durante la vela, de tocar sones istmeños y en vez de eso se ha optado por contratar grupos de música tropical.

En esta noche, la aportación de los hombres consiste en un cartón de cerveza; el mayordomo agradece la atención. Las mujeres guardan 20 pesos en un pañuelo blanco ( a falta de éste, un pedazo de servilleta “Liz” es más que suficiente) y se lo entregan discretamente a la esposa del mayordomo.

La vela Istmeña en Juchitan, Oaxaca

La vela Istmeña en Juchitan, Oaxaca

En esta vela conviven unos con otros. Al final todos vuelven a lo suyo o como cantaría Serrat: “vuelve el pobre a su pobreza y el rico a su riqueza”.

Colocan hileras de sillas sin mesas. Las mujeres se sientan adelante y los hombres atrás, escondidos de sus esposas para tomar cerveza y charlar con los compadres.

Se corona a la reina y, junto con sus doncellas y chambelanes, baila al son de la Sandunga.

Durante todo el año, el mayordomo recibe alguna ayuda monetaria o en especie de sus allegados. Él está obligado para el siguiente año a devolver el favor, y total que es un cuento de nunca acabar.

Regada de frutas

Cuidado con los empujones, manotazos, cubetazos y coletazos de los caballos, y claro, también, con los desechos que van dejando los bueyes a su paso.

Regada de frutas en Juchitan, Oaxaca

Regada de frutas en Juchitan, Oaxaca

La regada de frutas es un desfile en el que participa la reina coronada la noche anterior y las capitanas de los distintos barrios de Juchitán, trepadas en carros alegóricos o en carretas adornadas de flores jaladas por bueyes. Antes se acostumbraba aventar fruta y artesanías de barro a la gente que esperaba en las calles. Ahora se arrojan artículos de plástico a la masa que se arremolina sin compasión ante un triste traste de cocina. El chiste es ganarle al vecino y los que echan más relajo son chamacos adolescentes. No sólo hay que defenderse de los empujones del tumulto sino también de las cubetas al aire que pueden caer en la cabeza de algún desafortunado e ingenuo individuo que crea que el lugar donde se encuentra es seguro. Nuevamente aparecen las mujeres que defienden sus regalos con los dientes y las uñas. Pero qué lindas se ven caminando tranquilas por las calles, cuando se apaga la fiebre de la fiesta, con sus jícaras en la cabeza y el vaivén de su falda, siempre al compás de sus caderas.

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  • ELENA

    LA PRIMERA FOTOGRAFÍA DEL RELATO “LA VELA ISTMEÑA” NO CORRESPONDE A MUJERES DEL ISTMO, DE HECHO ES DEL BAILE “FLOR DE PIÑA”, DE TUXTEPEC OAXACA